Referencia al cierre de Escoitar.org en Sul Ponticello:

“Hace unos pocos días un comunicado de Europa Press informaba del fallecimiento de Miguel Ángel Coria a los 78 años. En el titular de la nota, “Muere Miguel Ángel Coria, precursor de la música electroacústica en España”, la aclaración sobre su condición de pionero de algo que suena a tecnológico parecía querer proporcionar algún punto que evitase el más triste olvido. Sin embargo, ese olvido había llegado mucho antes. De hecho, su música no aparecía desde hace muchos años en las programaciones y su última obra consignada en ese monumental espacio público que es la Wikipedia –ineludible ya para tener una mera presencia en el mundo- data de 1995. Para comprobar este olvido en el binomio producción-programación, bastará echar un vistazo a la base de datos de estrenos del Centro de Documentación de Música y Danza del INAEM, donde la última fecha se remonta más de 20 años atrás.

Esta muerte nos recuerda la obsolescencia del objeto artístico, que si bien parece lógica y asumible –no puede perdurar todo, todo no puede programarse… (“Ley de vida”, resuena aún en el tono algo casposo de algunas voces)-, no deja de sonarnos, en bastantes ocasiones, a pura y llana injusticia. “La historia se encargará de la criba” parece una idea también obsoleta, en un estado de cosas en el que lo fugaz y lo perecedero forman parte de una construcción profunda de nuestra sociedad, y que sin duda debe observarse también desde el plano estético. Un ejemplo bastante simbólico de ese estado de “normalización” de lo efímero podría ser la desaparición el pasado enero de escoitar.org, uno de los proyectos de mapa sonoro colaborativo más potentes e interesantes que se han gestado en nuestro país. Ante la imposibilidad material de mantenerlo a flote, este recurso se difuminaba con una bellísima y triste acción colectiva final: como se indicaba en el texto de despedida, “[…] no queriendo resignarnos a que vague inerte y estéril como un cadáver digital, hemos decidido devolver sus sonidos a la vida, a su esencia transitoria. […] Cada vez que escuches una de las más de 1200 grabaciones que en su día formaron parte de Escoitar.org, esta se borrará de la base de datos, desaparecerá como sonido que es, será de nuevo algo más que un archivo, será un acontecimiento.” Otra cosa es que esta esencia transitoria de lo sonoro no nos dé vértigo.


Un lugar donde recalar

Paradójicamente, la necesidad de preservación de los contenidos forma también parte importante de nuestra concepción del mundo y de nuestro día a día. ¿Quién no ha sentido algún tipo de vértigo al pensar dónde irán a parar los archivos de su PC o incluso las imágenes almacenadas durante años en su red social? Por una parte, nos parece normal que las cosas perezcan, pasen ante nuestros ojos/oídos, a menudo dejando un pobre o inexistente rastro; por otra, necesitamos preservarlas de alguna forma, que la memoria no desaparezca por completo, que exista la posibilidad –aunque sea remota e improbable- de volver a ellas en algún momento.

Seguramente una de las carencias más sangrantes de nuestro país, en lo que a infraestructura musical se refiere, sea la ausencia de un espacio que conjure esta contradicción entre el reconocimiento del arte musical/sonoro como algo perecedero y la necesidad de conservarlo. Hace unos años IFIDMA, la entidad que edita nuestra revista, realizó una investigación sobre los centros de información musicales en el mundo, y España aparecía como uno de los pocos países europeos que carecía de este importante recurso. De hecho, si consultamos hoy la web de IAMIC (International Association of Music Information Centers), curiosamente, la única referencia a un asociado de nuestro país es al Instituto Ramón Llull, prestigiosa entidad que sin embargo carece de una especialización suficiente en materia de música. Nada parecido a centros como, por poner sólo un par de ejemplos, el EMIC estonio o el Polish Music Information Centre, espacios articulados para que su patrimonio musical tenga una proyección más allá de sus límites geográficos. Desde luego, esta tarea sólo cabe ser realizada desde lo público, y el anteriormente citado CDMyD del INAEM, que sin duda realiza una encomiable labor, no tiene actualmente capacidad ni atribuciones para abordar para una empresa de este tipo.

Si volvemos a la entrada “Miguel Ángel Coria” en la versión inglesa de la Wiki, y buscamos su correspondencia en la versión española, curiosamente, no la encontraremos. Una forma de olvido muy nuestra, histórica, que por desgracia no nos hace revolvernos lo suficiente en el sillón. Como cantaba el músico ambulante en una de las secuencias de Los olvidados de Buñuel, “…cuando la amarga pena te devore, acuérdate de mí y olvídame después…” Así nos ha sonado el titular de Europa Press”.